No era importante

“Amar a los demás es lo más importante en el mundo”. La frase que mi mamá me repitió día a día desde que fui pequeña. Dar amor y brindar amor a los demás. El amor es sinónimo de sacrificio, ¿cierto mamá? Sacrificar grandes cosas solo para ver sonreír a los que amas. Pero, ¿y el amor propio? No es tan importante como amar a tus prójimos, ¿no mamá? Lo mejor es brindar amor. De esta forma pude lograr grandes cosas en mi vida, rodearme de amigos que me enseñaron lecciones, de parejas que me amaban de una manera única y diferente a las demás, dejar que mis compañeros me den sus libres opiniones de mi imagen, preocuparme de los “kilitos de más” y del “qué dirán”, de esforzarme de una manera excepcional en mi educación y en mi futuro. Todo esto suena bastante genial, ¿no? Suena como si aquel consejo hubiera repercutido de una manera importante en mi vida. Salvo que las cosas que me enseñaban mis amigos no eran sanas. Al igual que el amor que me brindaban mis parejas, las opiniones eran ofensivas, mis preocupaciones por mi peso, imagen y notas me llevaron a estar internada un año y cargando con un psicólogo por cuatro más. Hoy en día sufro las consecuencias y tengo las cicatrices que dejó el pasado en mí, consecuencias de aprender a fumar y tomar a muy temprana edad, cicatrices de golpes y abusos que mi ex pareja tuvo conmigo, cicatrices de los desórdenes alimenticios que sufrí por las burlas y acosos que tenían mis compañeros conmigo y por enfocarme tanto en mis estudios que se me olvidaba mi propia salud. Y por culpa de esto me distrajo hasta de la simple tarea que era “amar a los demás”, me la pasaba deprimida, enojaba y angustiada, todas las personas que me quisieron ayudar pasaron al frente mío y yo las rechacé. Tenías razón mamá, ¿de qué sirve el amor propio? De qué sirve amarte a vos mismo y aceptar tus defectos, tus imperfecciones y tus logros para poder amar a los demás. Porque al fin y al cabo nunca puedes brindar algo que no tienes. ¿De qué sirve respetarte a vos misma y así concientizarte de que vales mucho más de lo que cualquier persona podría pensar, defenderte de todo maltrato y así no rodearte de personas tóxicas. ¿De qué servía eso? Después de todo, el amor es sinónimo de sacrificio, ¿no mamá?. Después de todo lo más importante es enseñar a amar a lo demás, a uno mismo… puede esperar.
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