¡Buenas noches! 🌚


Donde sea que te encuentres te mando un beso💋 espero que hayas tenido un hermoso día y si no fue así recuerda que se vale tener días malos de vez en cuando 😉
Hoy les quería dejar una pequeña sorpresa antes de irme a dormir 🙊 una pequeña historia que salió de mi imaginación hace varios años, espero que la disfruten, que descansen 🌙

Título: Casa de muñecas
11 de agosto de 2004
Dinero, billetes mansiones, viajes, autos. Cuando te dicen esas palabras, ¿qué es lo primero que se viene a tu mente? Riqueza, posesión, juventud y…felicidad? Eso es lo que se piensa, pero no es la realidad. Tanta gente piensa que por tener dinero soy feliz y dichosa pero si debo decir la verdad y ser sincera tanto al lector como a mí misma vivo en una especie de casa de muñecas, linda, bien decorada, lujosa y con una familia común; madre, padre y hermano; pero…¿y por fuera?. Correcto, no es lo mismo.
Les podría justificar esta afirmación de muchas y mil formas pero solo escogí una: contarles lo que es un día normal en mi vida.
Me levanto a las 6:00 a.m de mi cama en mi perfecta habitación de niña llena de peluches, fotos, alfombras, un tocador, un armario y una estantería, mi querida estantería, llena de libros que he coleccionado a lo largo de mi corta vida.
La lectura siempre fue muy importante y esencial en mi vida, suelo leer un libro en 2 días y cuando lo doy por terminado adquiero otro, una gran forma de un escuchar los gritos al igual que la música ¡Oh hermosas melodías llenan mí día! Claro, cuando mis padres no están en su presencia soy la niña música clásica y baladas.
Retomando el tema anterior, me levanto, voy al baño, me maquillo (“ni un solo grano” decía mamá) y bajo las escaleras hacia la cocina. En el camino paso por el living y como a menudo, mi mamá en un sillón durmiendo con su cuerpo tirado a la suerte y una botella media llena de whisky  balanceándose y colgando de una de sus delicadas manos llenas de pedicura. Por no hablar de su rostro, párpados hinchados y rojos como delatando lo obvia tristeza que su corazón surca. Estoy cansada de consolarla y mi cerebro ya no encuentra palabras que decirle asique solamente cubro su cuerpo con una manta y sigo mi camino.
Los empleados me prepararon mi desayuno, todas verduras (“todo light, buena figura” decía mamá). Al terminar mi silenciosa comida vuelvo a mi habitación, me cambio, busco mi mochila y bajo de vuelta.
El chofer me lleva hacia mi escuela, me deja en la entrada y le pido que no me busque, necesito caminar y pensar.
Al entrar veo a mi grupo de “amigas”, la mayoría son serpientes salvo por 2 ratoncillos que luchan por no ser tragados. Apenas llego me cuentan todos los chismes que tal termino con tal por este motivo y mucho más, me limito a asentir fingiendo estar interesada y repitiendo “¿ah sí?” una otra vez ya que no me importa.
Toda mi tarde se resume a clases, clases y más clases y obvio dar el modelo de alumna educada y perfecta con promedio impecable.
Al salir me limito a caminar y pensar todo lo que ocurre en mi casa de muñecas recientemente.
En la entrada de mi casa está mi mamá por salir, llena de maquillaje, sombras y polvos queriendo ocultar sus ojos, antes irradiantes de un brillo infinito que de a poco ha ido apagándose hasta extinguirse. Nos limitamos a mirarnos como diciendo las palabras que nunca saldrán de nuestras bocas.
Y al entrar a mi casa allí está la razón de la tristeza que sombría mi mamá: papá. De hecho es muy raro que este aquí y no con su amante. El piensa que ninguno de nosotros nos damos cuenta de su ausencia sin fin en la mesa, llegadas a la madrugada con perfume ajeno. Si tan solo supiera que es la razón de tantos llantos.
Paso de largo a mi habitación, ni siquiera lo saludo últimamente, y me pongo a hacer la tarea (“cumplidora e inteligente” día papá) A las 8 p.m. es hora de cenar. Como siempre nos sentamos en una gran mesa demasiado exagerada para solo 3, a veces, 4 personas y la situación es fría, nadie habla, nadie se mira, solo un silencio incómodo y aterrador.
 Cuando terminamos, subo a mi habitación, me quito el maquillaje y me voy a la cama.
No termina allí. A las 3 de la mañana escucho golpes, la puerta, pasos fuertes y decididos y en el umbral de mi habitación; mi hermano. Solo sigo fingiendo estar dormida pero estoy segura que me está mirando, fijo y sin expresión, así es como lo pone la droga.
Mis padres le pagaron a mi hermano para que se vaya de mi casa y en lo posible de la cuidada ya que era la oveja negra de la familia. Eso no le impide que a veces nos visite pero siempre en las mismas condiciones, drogado. El empezó en esto a los 15 años por medio de un grupo de pandilleros que ofrecían en una fiesta a la cual asistió, poco a poco se fue consumiendo hasta que mis padres se enteraron y simplemente lo mandaron a volar. Muchas veces solía envidiar su libertad de tomar sus  propias decisiones e ir donde quiere. Pero obviamente no lo admitiría.
Luego de un rato siento su ausencia y puedo sentir como se dirige hacia la habitación de nuestros papás. En unos minutos puede sentir unos los gritos de todos recriminándole a mi hermano de porque viene a casa, cuando lo que en verdad debería hacer es buscar ayuda para su problema, pero como siempre, el que dirán primero.
Y así siguen durante minutos y minutos. Hasta que mi hermano se larga por quien sabe cuánto tiempo más y todos vuelven a dormir ignorando la situación.
Honestamente ya me canse de vivir dentro de esta casa de muñecas, como ya dije hermosa y con buena imagen por fuera, pero nadie sabe lo que ocurre dentro de estas paredes. Como extraño mi reproductor de música me gustaba más cuando sonaba pero ahora solo me ahoga un peligroso silencio lleno de pensamientos que no puedo aguantar tener.
Extraño ese reproductor. Ahora solo estoy en silencio.
Solo estoy en silencio.
Silencio.

Comentarios

  1. Bravo!! Me encanta que puedas volcarte a las letras, es un mundo infinito, fascinante, único!!

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